Querida ruina:
Sólo viene a recordarte una vez más que fuiste tú tantas veces, en mi cabeza, en mis sueños, hasta en mis muñecas. A veces siento que estoy escribiéndole al vacío, que no leerás todo esto que siempre quise escribirte pero nunca supe decirte. Me decías que no fumara, que no me drogara porque temías por mi vida. Cómo cambian las cosas, ¿eh? Al final fuiste tú la droga más peligrosa con la que me topé nunca. Las mariposas han acabado por devorarme, querían salir a toda costa y yo no supe decirles que no, que eran lo único junto a los recuerdos que quedaba de ti. He cambiado, supongo que dejaste tanto dolor en mi que no quedaba otra. Y dime... ¿Como estás? ¿Sonríes? ¿Sigue el brillo de tus ojos alumbrando a todo Madrid? Yo estoy aquí, resistiendo al frío en plena primavera. Mi sonrisa... Está rota, no suelo enseñarla mucho por ahí, como dice Kurt Cobain, si mi sonrisa mostrara el fondo de mi alma mucha gente al verme sonreír lloraría conmigo. Mi techo está cansado ya de contarle mis penas, de recordarle cada detalle tuyo que lograba conmoverme.
Debo despedirme ya, pequeña. Mi corazón no quiere parar de escribirte pero mi cabeza siempre fue más astuta, me dice que pare, que te olvide. Y yo simplemente le recuerdo eso de tus caderas. Volveremos a vernos, nunca saldrás de mis cuadernos.
_______________________________________________________
No creo que nunca nadie le haya escrito una carta tan bonita a la ruina. Creo que me he enamorado del último párrafo. No hagas caso a tu cabeza, que yo quiero seguir leyéndote.
ResponderEliminarBesos :)
Pues... Muchas gracias, señorita. Y creo que aunque quisiera jamás podría dejar de escribir, ni desahogarme en un cuaderno.
ResponderEliminar