martes, 7 de mayo de 2013
'' Grité para que volvieras. ''
He intentado recitarte sin arder mi garganta en el intento. He tratado de quererte con todas mis fuerzas a pesar de querer tú a otro. He pasado de sonreír a escribir versos tristes sobre ti. He calmado mi sed de ti con recuerdos y ahora no salen de mi cabeza. Recuerdos, pasado.
Cómo recorrer tu clavícula me hacía perderme y encontrarme, todo al mismo tiempo, encontrando en ti mis propios puntos cardinales. Cómo tu voz y mis oídos se entrelazaban en cada susurro, cómo mi piel se estremecía al contacto con la tuya. Cómo dejamos escapar tal historia de amor, maldita historia que se clava en mi retina. En mi rutina.
Porque permití que te alejaras unos centímetros que terminaron convirtiéndose en metros, kilómetros. No sé cuándo empezó la distancia, cuándo nos convertimos en dos desconocidos que antes se lo dieron todo de sí mismos. Ahora podría demostrarte todo esto que llevo dentro, que ha estado consumiéndome. Grité, grité con todas mis fuerzas que volvieras y el viento me devolvió el eco de mi voz. ¿Puedes oírlo? Aún late el de la izquierda, late por la esperanza de que regreses y pueda verte.
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Querida ruina:
Debo despedirme ya, pequeña. Mi corazón no quiere parar de escribirte pero mi cabeza siempre fue más astuta, me dice que pare, que te olvide. Y yo simplemente le recuerdo eso de tus caderas. Volveremos a vernos, nunca saldrás de mis cuadernos.
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